Leyendo me encontré con la analogía del maestro con un pastor, que me hizo acordar a cada uno de ustedes. El texto decía, “quizás la imagen, el símbolo más completo del Educador y Pedagogo, es la imagen del Pastor, quien conoce a sus ovejas, las cuida, las conduce a verdes praderas, distingue a unas de otras porque son todas diferentes, y las ovejas reconocen su voz. Es un pastor porque toca la mente, la voluntad y el corazón de las ovejas. Conoce su identidad, evalúa su desempeño como Pastor y los logros de las ovejas porque las comprende y cuida de ellas, y realiza acciones de conducción hacia las metas y objetivos.”. En el fondo, las 4 Cs, “Conoce, Comprende, Cuida y Conduce”.
Estimados Pastores, con mucha alegría les doy la bienvenida en nombre de la Fundación de la Santa Fe, al año escolar 2010 que nos trae importantes y necesarios desafíos. Iniciamos el año con renovadas expectativas y deseos de compartir un ciclo de trabajo conjunto. Los invito a trabajar unidos, con entusiasmo y compromiso para formar espiritual y humanamente a nuestros alumnos y proporcionarles las herramientas académicas necesarias, para que desarrollen plenamente sus dones y capacidades intelectuales.
Estamos frente a una nueva oportunidad para trabajar una visión pedagógica común, a través de un trabajo colaborativo que cree una verdadera cultura generadora del conocimiento y valore el aprendizaje como herramienta de cambio para posibilitarles a los alumnos un mañana con sueños y proyectos.
Los invito a creer con más fuerzas que nunca en nuestro proyecto y a tener las expectativas más altas posibles para nuestros niños y niñas. No nos permitamos caer en la creencia del determinismo social ni económico; recordemos que las capacidades para aprender son independientes de las condiciones materiales de vida.
Para terminar me gustaría compartir con ustedes algunos fragmentos del Poema a la Maestra, de Gabriela Mistral que tan bellamente nos hablan del arte de educar:
¡Señor! Tú que enseñaste, perdona que yo enseñe; que lleve el nombre de maestra, que Tú llevaste por la Tierra. Dame el amor único de mi escuela.
Maestro, hazme perdurable el fervor y pasajero el desencanto.
Muéstrame posible tu Evangelio en mi tiempo, para que no renuncie a la batalla de cada día y de cada hora por él.
Hazme fuerte, aun en mi desvalimiento.
Acompáñame! ¡Sostenme! Muchas veces no tendré sino a Ti a mi lado.
Dame sencillez y dame profundidad.
Aligérame la mano en el castigo y suavízamela más en la caricia. ¡Reprenda con dolor, para saber que he corregido amando!
Alan Wilkins